1.000 (gracias)

Encuentro que la gente tiene subestimada a la imaginación. En la vida cotidiana, suelen primar los cálculos, los razonamientos, los resultados; todo aquello que pueda ser etiquetable o medible. He conocido a mentes tan cartesianas que subestimaban a cualquiera que estudiase letras o escribiese. Cuando somos niños todos somos artistas: nos dedicamos a jugar, dramatizar, pintar, escribir o hacer manualidades con los mayores. Sin embargo, hay una etapa en la vida en la que estas aficiones desaparecen, en la mayoría de los casos.

No sé si podría decir que existen los hombres grises de Momo (Michael Ende), cuyas vampirizadas víctimas sacrificaban el placer y la imaginación por tiempo y dinero. Es posible que todos tengamos un hombre gris en nuestro interior, un hongo que ve religiosamente la televisión y comulga con cuanto le dice, y que se encuentra tan abotargado que es incapaz de tener un imaginario propio.

Hacer abalorios reciclados y sus correspondientes fotografías, así como mantener este blog, es un ejercicio para el músculo de la mente, para que no caiga en el tedio cotidiano. Después de haber alcanzado la barrera psicológica de las mil visitas (¡mil!, que se dice pronto), empiezo a pensar que los contenidos de este blog no han caído en saco roto, y que hay gente capaz de apreciar no sólo este humilde trabajo de imaginación, sino también el valor de la reutilización de todos aquellos materiales que ya no sirven. Porque en realidad siguen teniendo otra utilidad, sólo que de nosotros depende descubrir cuál es.

Aún más en Flickr.

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Para pedidos: abalorios.capricho@gmail.com

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