Hic svnt dracones

“A partir de aquí, monstruos”. Con esta expresión latina denominaban los antiguos toda aquella porción terrestre o marina desconocida y no cartografiada, que quedaba lejos del mundo cotidiano, palpable y regido por un orden. Para sus mentes, todo terreno ignoto debía de ser un lugar inhóspito, caótico, monstruoso.

Para el colectivo occidental, la figura del dragón y la serpiente, que están emparentadas, tienen un simbolismo ambiguo. Los sumerios explicaron a través del mito de Gilgamesh que la serpiente  aprovechó el despiste del héroe para devorar la planta de la inmortalidad que había obtenido del fondo del mar, lo que frustró sus planes y concedió al reptil el poder de regenerarse mudando de piel. Para el pueblo judío, era sin lugar a dudas el símbolo del engaño, al conseguir que Adán y Eva comieran del fruto prohibido y fuesen expulsados del Edén.

Una serpiente custodiaba el árbol del Jardín de las Hespérides de la mitología griega, que producía doradas manzanas que otorgaban la vida eterna, lo que parece una idea muy común en culturas diferentes. Otra, Nidhogg, roía las raíces del fresno Yggdrassil en la nórdica. El caduceo de Esculapio y el moderno símbolo de la medicina contienen ofidios.

Las serpientes y los dragones, por tanto, siempre han estado ligados a todo lo que es oscuro, subterráneo, oculto. Son los guardianes del conocimiento, contra los que tiene que luchar el héroe de distintos mitos para hacerse con éste, y el símbolo de la inmortalidad, el cambio y todo lo que es cíclico. Pueden envenenar o reducir algo a cenizas, pero también son capaces de proporcionar la cura y ofrecer sabiduría.

Teniendo en cuenta que “sólo se tiene miedo de lo que no se comprende”, como decía el escritor ruso Turguenev, no es de extrañar que los primeros geógrafos ocuparan el vacío de sus mapas con criaturas legendarias a las que tomaban por superiores al hombre, habitantes de mundos sumidos en las tinieblas y la impiedad.

Dado que soy una gran admiradora de la figura del dragón, he realizado este broche y colgante para hacer su figura, aunque majestuosa como siempre, más cercana. No todos los monstruos son malvados. Y más de uno custodia un tesoro como estos abalorios.

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