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Memento mori

Después de estar liada con cuestiones varias, por fin he sacado tiempo para mis abalorios. He llegado tarde a Halloween, al Día de los Muertos mexicano y al de Todos los Santos, pero la verdad es que cualquier momento es bueno para lucir unas sonrientes calaveras, como las de los pendientes “Skulls”.

La calavera me parece un motivo muy estético, al margen de las connotaciones que pueda tener. Además, siempre me gustó el estilo gótico, por lo que he pretendido hacerle un humilde homenaje con estos tenebrosos a la par que simpáticos pendientes.

Desde que surgió en la década de los 80, la subcultura gótica ha ido evolucionando, tanto en maneras de vestir como en música.  Uno puede encontrar adolescentes neovictorianas, con sus corsés y guantes de encaje, leyendo cuentos de Poe, o amantes de la variante cybergoth, con rastas de colores fluorescentes y gafas cyberpunk. Pero por debajo de los tópicos no hace falta estar atado a la moda para disfrutar de lo que ofrece esta tribu urbana, tan variada y compleja tras la fachada.

Como colofón, un clásico de Bauhaus, Bela Lugosi’s Dead, canción que apareció en la secuencia inicial de El ansia (Tony Scott, 1983), donde Catherine Deneuve interpretaba a una elegante vampira, acompañada en sus cacerías por David Bowie: http://bit.ly/qBdoey.

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Hic svnt dracones

“A partir de aquí, monstruos”. Con esta expresión latina denominaban los antiguos toda aquella porción terrestre o marina desconocida y no cartografiada, que quedaba lejos del mundo cotidiano, palpable y regido por un orden. Para sus mentes, todo terreno ignoto debía de ser un lugar inhóspito, caótico, monstruoso.

Para el colectivo occidental, la figura del dragón y la serpiente, que están emparentadas, tienen un simbolismo ambiguo. Los sumerios explicaron a través del mito de Gilgamesh que la serpiente  aprovechó el despiste del héroe para devorar la planta de la inmortalidad que había obtenido del fondo del mar, lo que frustró sus planes y concedió al reptil el poder de regenerarse mudando de piel. Para el pueblo judío, era sin lugar a dudas el símbolo del engaño, al conseguir que Adán y Eva comieran del fruto prohibido y fuesen expulsados del Edén.

Una serpiente custodiaba el árbol del Jardín de las Hespérides de la mitología griega, que producía doradas manzanas que otorgaban la vida eterna, lo que parece una idea muy común en culturas diferentes. Otra, Nidhogg, roía las raíces del fresno Yggdrassil en la nórdica. El caduceo de Esculapio y el moderno símbolo de la medicina contienen ofidios.

Las serpientes y los dragones, por tanto, siempre han estado ligados a todo lo que es oscuro, subterráneo, oculto. Son los guardianes del conocimiento, contra los que tiene que luchar el héroe de distintos mitos para hacerse con éste, y el símbolo de la inmortalidad, el cambio y todo lo que es cíclico. Pueden envenenar o reducir algo a cenizas, pero también son capaces de proporcionar la cura y ofrecer sabiduría.

Teniendo en cuenta que “sólo se tiene miedo de lo que no se comprende”, como decía el escritor ruso Turguenev, no es de extrañar que los primeros geógrafos ocuparan el vacío de sus mapas con criaturas legendarias a las que tomaban por superiores al hombre, habitantes de mundos sumidos en las tinieblas y la impiedad.

Dado que soy una gran admiradora de la figura del dragón, he realizado este broche y colgante para hacer su figura, aunque majestuosa como siempre, más cercana. No todos los monstruos son malvados. Y más de uno custodia un tesoro como estos abalorios.

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Estación de nieblas

“Estación de las nieblas y los frutos más dulces,
amiga íntima del sol que madura,
que conspiras con él para bendecir y cargar
de las uvas las viñas que trepan por los tejados…”

J. Keats (1795-1821)

En nuestra cultura, el otoño viene asociado a la decadencia, la exuberacia, los primeros fríos, los árboles desnudos, el fin de las vacaciones, la madurez pasado el ecuador vital. Hay quienes prefieren la novedad de la primavera o el tiempo estable y soleado del verano, pero creo no ser la única persona que cree que el otoño es más poético.

Esta estación permite dar largos paseos en días fríos y soleados sobre hojas secas que se van acumulando y crujen bajo nuestros pies con esa música tan particular (sólo igualada por el crepitar del fuego o de la nieve), hablar con los amigos al cobijo de una cafetería, retomar proyectos que habíamos sustituido por un ocio más de exteriores y disfrutar acurrucados en la cama mientras afuera cae un chubasco.

La naturaleza también tiene una gama más amplia de colores y de formas durante el otoño. También es cierto que hay quienes están demasiado deprimidos por la caída de la hoja como para percatarse de estas maravillas. En “A tu capricho”, donde el ciclo del año continúa inalterable, quiero mostrar los frutos artesanales de unas estancias en casa que se empiezan a alargar, como las noches, combinadas con esa última explosión de la naturaleza antes de replegarse por los rigores del invierno, para que esos ojos se consuelen.

Es época de hacer un brindis como el de Hob Gadling en el cuarto tomo de The Sandman, titulado precisamente Estación de Nieblas:

“Por los amigos ausentes, los amores perdidos, los viejos dioses y la estación de las nieblas, y que cada uno de nosotros dé al diablo su merecido”.

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Ofrenda

En El Sacrificio (Offret, 1986), última película del genio Andrei Tarkovski, el protagonista, Alexander, habla de un jardín que rodeaba la casa donde pasó su infancia y donde vivía su madre. Después de años de descuido, la Naturaleza con mayúsculas lo había reclamado. Alexander, a pesar de verlo hermoso tal cual estaba sin explicarse por qué, decidió civilizar el jardín, adaptarlo a su propio capricho, y al acabar de arrancar los rastrojos y de podar los árboles se dio cuenta, con horror, de que en realidad estaba viendo un trozo de naturaleza mutilado.

Es curioso constatar cómo hemos puesto límites entre la naturaleza y nosotros, hasta el punto de que somos incapaces de sobrevivir en un entorno salvaje como hacen otros animales. Para muchos, un jardín es lo más cercano a ese entorno que pueden soportar, y sin embargo no deja de ser un terreno domesticado, humanizado.

A tu capricho quiere presentaros la coleccion “Carmen”, inspirada en los jardines.

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Arte, el vino de la vida

“El arte no reproduce aquello que es visible, sino que hace visible aquello que no siempre lo es”.

Paul Klee (1879-1940).

Si se le pregunta a cualquiera para qué sirve el arte, probablemente la primera  respuesta que dé sea: “para nada”. Es verdad que el arte no tiene un valor práctico: los cuadros no alimentan, las películas no ayudan a pagar facturas (salvo para quienes hayan participado en ellas), la literatura no erradica el hambre del mundo.  Sin embargo, es difícil imaginar un mundo sin arte, tal vez porque ha acompañado al hombre desde sus orígenes, cuando vivía en cuevas. Entonces era una de las características de su humanización.

Hoy en día no podemos vivir sin esta expresión de los sentidos. Además, no significa lo mismo para todos. Hay quienes disfrutan con la máxima del “arte por el arte”, de la exposición de la belleza, y hay quienes necesitan que aporte un significado o que muestre algo grandioso y fuera de lo común. En todo caso, nuestros mundos interiores no serían los mismos sin este “vino de la vida”, como lo llamaría Jean Paul Richter.

A lo largo de los siglos, el arte ha evolucionado como lo ha hecho el ser humano y como hacen nuestros pendientes reciclados.

Siglos después de buscar un ideal de belleza clásico en el Renacimiento, la Hermandad Prerrafaelita trató de volver al estilo anterior a Rafael, renegando de las pinturas posteriores a este periodo, por considerarlas carentes de sinceridad. De entre ellos destacó el poeta y pintor Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) con sus retratos de mujeres mitológicas, entre espirituales y voluptuosas.

Por su parte, Amedeo Modigliani (1884-1920) se dedicó a retratar a su amante Jeanne Hébuterne.

Para finalizar, no hemos querido olvidarnos de las vanguardias del siglo XX, entre las que destacamos el pop art de Roy Lichtenstein (1923-1997), cercano al cómic y a la publicidad.

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Más cine, por favor

Desde hace casi 60 años, la ciudad de San Sebastián celebra por estas fechas su Festival de Cine. Creado en 1953, el Festival ha entregado su galardón, la Concha de Oro, a la película más destacada de cada edición. Además, el Premio Donostia sigue sirviendo de reconocimiento a los actores que más han contribuido con sus carreras al cine.

Durante estos días se respira un ambiente especial, casi como de ensoñación salida de un proyector, y la ciudad tiene una estampa postalera y otoñal.

El cine es una suerte de caverna de Platón, donde vemos actuar a unas sombras que reconocemos como parte de nuestras almas, y de la que salimos para renacer al mundo real, con más historias en nuestra historia. En homenaje a este arte, y a este festival, A tu capricho quiere presentar la colección de pendientes “Estrellas”.

Porque como dice la canción, todos estamos hechos de estrellas.

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1.000 (gracias)

Encuentro que la gente tiene subestimada a la imaginación. En la vida cotidiana, suelen primar los cálculos, los razonamientos, los resultados; todo aquello que pueda ser etiquetable o medible. He conocido a mentes tan cartesianas que subestimaban a cualquiera que estudiase letras o escribiese. Cuando somos niños todos somos artistas: nos dedicamos a jugar, dramatizar, pintar, escribir o hacer manualidades con los mayores. Sin embargo, hay una etapa en la vida en la que estas aficiones desaparecen, en la mayoría de los casos.

No sé si podría decir que existen los hombres grises de Momo (Michael Ende), cuyas vampirizadas víctimas sacrificaban el placer y la imaginación por tiempo y dinero. Es posible que todos tengamos un hombre gris en nuestro interior, un hongo que ve religiosamente la televisión y comulga con cuanto le dice, y que se encuentra tan abotargado que es incapaz de tener un imaginario propio.

Hacer abalorios reciclados y sus correspondientes fotografías, así como mantener este blog, es un ejercicio para el músculo de la mente, para que no caiga en el tedio cotidiano. Después de haber alcanzado la barrera psicológica de las mil visitas (¡mil!, que se dice pronto), empiezo a pensar que los contenidos de este blog no han caído en saco roto, y que hay gente capaz de apreciar no sólo este humilde trabajo de imaginación, sino también el valor de la reutilización de todos aquellos materiales que ya no sirven. Porque en realidad siguen teniendo otra utilidad, sólo que de nosotros depende descubrir cuál es.

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La belleza en las manos de quien crea

“Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”.

Confucio  (551 AC-478 AC).

 

Existe la frase, convertida ya en un cliché, que afirma que la belleza está en los ojos de quien mira. Si bien es cierto que está determinada por una cierta proporción matemática y una armonía, es innegable pensar que a medida que envejecemos dejamos de encontrar esa belleza en las cosas cotidianas que nos rodean. Muchos terminan por identificarla con una marca lujosa, en decir, con una cifra de dinero elevada. Sin embargo, sigue existiendo un gusto por lo artesano, por las fórmulas matemáticas que rigen la armonía, por un cierto grado de tosquedad que hace que cada pieza sea única, inimitable, lejos de los complementos hechos en masa.

La colección “Things of Beauty”, como el resto de creaciones de A tu capricho, quiere reflejar esta filosofía de la belleza de las cosas cotidianas.

Cualquier objeto puede alegrar la vista y hacer de la realidad algo menos tedioso, algo más artístico. Pero para ello es necesario disponer de la mirada precisa para percibirlo.

¿Es posible que el hecho de perder esta capacidad para percibir esa armonía universal sea la muestra más palpable de que hemos envejecido?

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