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Amuleto

¿Qué es un amuleto? Un objeto portátil que atrae la buena suerte o protege a quien lo posee. Evidentemente, se trata de una cuestión de fe, no de empirismo. Creer que algo nos va a ir mejor por llevar una señal determinada es absurdo desde un punto de vista objetivo, pero puede servir para tener más confianza a la hora de abordar una situación.

Si nos paramos a pensarlo, la mayoría de nosotros tenemos un resquicio de irracionalidad. Claro que existen los grandes delirios, que cortan la conexión con la realidad, pero hablo de algo más inofensivo y cotidiano: nuestras pequeñas muestras de fe. De una u otra manera somos supersticiosos hasta el punto de evitar escaleras o gatos negros, o queremos creer simplemente que nuestro número de la lotería será el premiado, sin ninguna prueba que lo respalde. Pero son estas pequeñas dosis de fantasía las que adornan un poco nuestra vida, aunque el boleto no sea el premiado y la existencia continúe como antes. Perder la fe en las pequeñas cosas es en cierta manera vivir desencantado.

Amulet

Colgante “Amulet”, disponible en Flickr y DaWanda.

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Contacto: abalorios.capricho@gmail.com

Perlas orientales

Lo que me gusta de pasear por rastros y mercadillos es que muchas veces hay material desdeñado por la gente que resulta muy útil a mis propósitos artesanos. Pero lo que de verdad me provoca un enamoramiento instantáneo son las piezas exóticas y antiguas, hechas en China o Japón, que después de años de viaje entre continentes y personas acaban en mis manos a cambio de un puñado de euros.

Esto dispara mi imaginación, no sólo por las formas y dibujos que podría aprovechar para un colgante o unos pendientes, sino por conocer la historia de aquellos que crearon la pieza, comerciaron con ella, la transportaron, la utilizaron como objeto decorativo y en última instancia decidieron que sobraba en casa y su lugar estaba en el rastro.

Una de mis últimas adquisiciones fue un plato de porcelana china pintado a mano, firmado en el reverso con bellos caracteres y en el que se podían percibir las pinceladas del artesano que plasmó allí su idea de la belleza. ¿Cómo puede ser que años más tarde haya llegado a este rincón de Europa, y haya acabado sus días en un rastro? Es un misterio, como todos los caminos de todas las cosas y personas de este vasto mundo.

El plato ha recibido una segunda vida como colgante, Perla de China, que podéis apreciar mejor en Flickr y adquirir en DaWanda.

colgante chino (2)

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Otranto y otros misterios

“Vi (con los ojos cerrados, pero con la aguda visión mental), vi al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al ser que había ensamblado. Vi al horrendo fantasma de un hombre tendido; y luego, por obra de algún ingenio poderoso, lo vi manifestar signos de vida y agitarse con movimiento torpe y semivital”.

M. Shelley, Introducción de Frankenstein, o el moderno Prometeo


Hubo una época, a caballo entre antiguas supersticiones y leyendas del folclore, y los avances de la ciencia, en que floreció un particular género literario que hablaba de abadías en ruinas, almas en pena, mesmerismo, fuegos fatuos, criaturas salidas de un laboratorio, vampiros y heroínas virginales que se las tenían que ver con mil y una calamidades antes de terminar sus aventuras victoriosas. Era la novela gótica.

La edad dorada de este subgénero comenzó en el siglo XVIII con El castillo de Otranto, de Horace Walpole, y se extendió hasta el XIX. Está muy ligada al movimiento del Romanticismo, sólo que incide más en lo macabro y lo terrorífico. Algunas veces ambos géneros se mezclan; así, Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, es considerada una novela romántica con fuertes elementos del gótico.

Los autores más notables fueron Ann Radcliffe, Jan Potocki y Charles Maturin. Más tarde, el género evolucionó y dio paso al de terror, volviéndose más proclive a explorar ambientaciones y estados psicológicos, con escritores como Bram Stoker, Sheridan Le Fanu o Edgar Allan Poe.

Actualmente, son muchos los autores que han recurrido a elementos del género gótico, con la vuelta de tuerca que supone la vida moderna, como Anne Rice con sus Crónicas vampíricas. Por mi parte, sólo puedo presentar esta colección de piezas como humilde homenaje a uno de los movimientos literarios más influyentes de la historia.

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Las ciudades invisibles

“El Gran Khan posee un atlas donde todas las ciudades del imperio y de los reinos circunvecinos están dibujadas palacio por palacio y calle por calle, con los muros, los ríos, los puentes, los puertos, las escolleras. Sabe que de los informes de Marco Polo es inútil esperar noticias de aquellos lugares que por lo demás conoce bien: cómo en Cambaluc, capital de la China, hay tres ciudades cuadradas, una dentro de la otra, con cuatro templos cada una y cuatro puertas que se abren según las estaciones; cómo en la isla de Java, cuando se enfurece el rinoceronte, hace estragos cargando con su cuerno asesino; cómo se pescan las perlas en el fondo del mar, en las costas de Malabar”.

I. Calvino, Las ciudades invisibles

Si es cierto eso de que el cerebro sólo sabe crear a partir de patrones que ha aprendido previamente, y que ninguna cara que vemos en sueños es original, sino el recuerdo de un desconocido con el que compartimos un viaje en metro o con el que nos cruzamos cuando el semáforo de peatones se puso en verde, a la fuerza tiene que pasar lo mismo con las ciudades oníricas.

Hay personas que contienen mundos enteros tras sus párpados. Otros imaginan a plena luz del día, como debió de sucederle a Italo Calvino mientras escribía sobre la melancolía del vencedor y amo de buena parte del mundo, el Khan.

¿Por qué los mortales comunes imaginamos  y soñamos ciudades en las que nunca podremos poner nuestros pies? ¿Es porque estamos diseñados para aspirar a lo imposible?

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Tulipomanía

En el siglo XVII, durante la llamada “tulipomanía”, estas plantas importadas de la Península de Anatolia (Turquía) y Asia Central causaron verdaderos estragos financieros al ser objeto de la especulación financiera. Se llegó a crear una burbuja con su posterior crisis económica en los Países Bajos, donde la gente estaba dispuesta a endeudarse y vender sus posesiones más preciadas por conseguir los bulbos de los tulipanes más llamativos, que florecían dos semanas al año, tal era la pasión de los holandeses por esta planta.

En “A tu capricho” disfrutar de la belleza de los tulipanes, gracias a una taza de cerámica reciclada, tiene el valor de una floración permanente en forma de coquetas piezas de bisutería.

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Fragmentos del mundo flotante

“En el estanque
ruido de una rana
que se sumerge”.

Basho

Me han regalado un libro de estampas ukiyo-e de Hiroshige. Nada como una tarde de japonismo para hablar de esta técnica de xilografía que apareció en el siglo XVII con motivos de paisajes naturales, leyendas, cortesanas y actores o sexo explícito (shunga).

El nombre deriva de la palabra ukiyo, que significa “mundo flotante”. Según el budismo, ese es nuestro mundo, un lugar evanescente, engañoso, impermanente y efímero, dominado por la ilusión de las apariencias y el maya, un velo que nos separa de la realidad; sería el equivalente al “Valle de Lágrimas” de nuestra cultura judeocristiana. Hay que tener en cuenta también que Japón es un país formado por multitud de islas, o mundos flotantes.  Por tanto, las escenas que se representaban en los ukiyo-e hacían referencia al hedonismo y la belleza aparente, pero también a la vida cotidiana de la cultura de Edo, un periodo de aislamiento respecto al resto del mundo. Es decir, el ukiyo-e es un arte que tiene como base el carpe diem y el consuelo en los placeres ante la incertidumbre del presente y el futuro.

Los grabados eran producidos en masa mediante planchas de madera, con fines comerciales, lo que contribuyó a su popularización. El ukiyo-e entró en decadencia en su país durante el periodo Meiji (siglo XIX), cuando Japón inició un proceso de occidentalización forzosa. Sin embargo, fue entonces cuando comenzó la fiebre europea por estos grabados, que tendrían un impacto muy profundo en las vanguardias artísticas posteriores. Van Gogh llegó a decir que “con ojos japoneses se ve más; se siente el color de un modo distinto”. Su influencia es notable incluso en el manga.

Los dos pintores más conocidos de ukiyo-e son Hiroshige y Hokusai, de los cuales nos han llegado grabados tan famosos como Nieve en Kisoji y La gran ola de Kanagawa respectivamente.

Espero que disfrutéis con esta nueva colección japonista.

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La opaca llama del deseo

“Amo tus ojos, mi amor.
Su fuego espléndido, resplandeciente.

Cuando los abres de pronto
para lanzar una repentina e insinuante mirada,
como un relámpago brillando en el cielo.
Pero hay un encanto mayor todavía:

Cuando se cierran los ojos de mi amor,
cuando todo se enciende por el beso de la pasión
y a través de las pestañas cerradas,
veo la opaca llama del deseo”.

F. Tyutchev, La opaca llama del deseo

Colgante “Poème III”.

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Lo que la primavera hace con los cerezos

“Cuánto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos”.

Fragmento del Poema XIV, de Pablo Neruda

Colgante “Poème II”.

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Nadie, ni siquiera la lluvia


“En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

Con sólo mirarme me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre
(con un toque diestro, misterioso) su primera rosa.

O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosa por doquier.

Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada aliento.

(Ignoro cuál es tu destreza para abrir y cerrar;
solamente algo en mí comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas).

Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas”.

e.e. cummings

Colgante “Poème”.

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