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Collar étnico. El artesano en su taller

Artesano es aquél capaz de canalizar su creatividad haciendo objetos estéticos con el material que tiene a mano (a menudo humilde) y con resultado imperfecto. La imperfección es la base de la artesanía, el canon de belleza de las cosas elaboradas lejos de la producción en masa. A la hora de hablar de la producción manual, nunca hay dos piezas iguales.

El artesano busca siempre superarse y lograr la originalidad, el toque que haga cada pieza única. Hace bocetos mentales y pruebas en su taller, y finalmente se decide a plasmar lo que ya existe en su mente.

Y después de horas y hasta de días de ensayo, puede llegar a conseguir el más difícil todavía.

Este collar de aire étnico se hizo a través de años de recoger las piezas que lo forman: restos de cerámica antigua y vidrios pulidos por el agua, guardados en varias cajas. En la mano, cada trozo es irrepetible por su tosca belleza, sus bordes irregulares y su variado cromatismo.

Con un poco de alambre retorcido e imaginación, aquellas piezas desperdigadas se convirtieron, gracias a una labor de artesanía y reutilización, en un collar digno del escote más vanidoso, que ahora presento aquí.

Pero todo artesano sabe que después de acabar una pieza toca pensar en la siguiente, y siempre acaba en el punto inicial. De modo que, a solas en su taller, vuelve a su imaginación y sus materiales, dedicado a su próxima creación.

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Para pedidos: abalorios.capricho@gmail.com

Colgantes de cerámica: recuerdo de las cosas pasadas

A menudo pasa, cuando uno compra un libro de segunda o tercera mano en un rastro o feria que ya ha sido sostenido por otras manos y leído por muchos ojos más, que un objeto acaba adquiriendo parte de la esencia de su anterior propietario. Algo de esas almas ha quedado impregnado en las páginas y las ha amarilleado, y ha terminado por conferirle a dicho objeto un espíritu propio, un carácter, algo así como el de un anciano repleto de vivencias para la mente joven que sepa apreciarlas.

Las cerámicas antiguas tienen su vida propia. A menudo pueden encontrarse en los lugares más insospechados, como descampados o riberas de los ríos. La mano curiosa va desenterrando lo que ha seducido la visión del ojo, y acaba dando con un pequeño trozo de pasado, imperfecto, artesanal. Después la mente se pierde imaginando las vidas pasadas que giraron en torno a ese pedazo, que formaba parte de algo más grande: las comidas familiares, los adornos colgados de la pared para alegrar la casa ante las visitas, los regalos hechos como muestra de afecto. Ahora sostiene ese pedazo de no menos de cien años de antigüedad en sus manos, como último eslabón de esa cadena.

Sin embargo, la vida de las cerámicas no acaba ahí. Pueden vivir una segunda juventud como abalorios, con un poco de alambre que se adapte mejor a sus formas y un cordón que nos permita colgarlas del cuello. De esta forma, sin perder su carácter artesanal, volverán a lucir, si no de la misma manera que hace 200 años, sí con la misma belleza y esplendor.

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Para pedidos: abalorios.capricho@gmail.com

En el principio eran los pendientes…

Han sido ya varias las personas que me han preguntado por los pendientes que suelo llevar, y que me han animado a publicar fotos en un blog para mostrarlos al mundo. Algunas me han recomendado incluso ponerme a vender en un puesto. Sin llegar a ese punto, el resultado es este pequeño rincón de vanidad que se irá llenando semanalmente con textos e imágenes del botín de Monna Vanna, mi alter ego internetero.

Y para muestra, un botón, o mejor dicho, una fotografía. Os presento mi primera hornada de pendientes, hecha con trozos de disquete (aquellas reliquias de la informática que, me temo, no tendrán un revival), fotografías, piezas de un despertador antiguo, restos de un prendedor que dejé de usar, clavijas telefónicas y alambre.

La idea se gestó a partir de una tanda de limpieza en casa, ya sabéis: hacer inventario de cosas que no se utilizan y renovarse. Era evidente que nadie iba ya a recurrir a los disquetes, que a base de puertos USB y ordenadores nuevos hacía tiempo que se habían convertido en basura. Después de darle vueltas a la imaginación y jugar con posibles ideas (y con el material sobrante en casa) estos son los diseños que salieron.

Después de materializar esa idea, quedó pendiente el cierre de cada par. Los enganches fueron comprados en tiendas de abalorios, con resultados más que óptimos. El resultado: una colección original, barata y, vistos los resultados, abundante.

Nada mal para empezar, ¿verdad?

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Para pedidos: abalorios.capricho@gmail.com