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Psyché

El alma tiene forma de mariposa.

Psyché era la hermosa hija de un rey de Anatolia. Era tanta su belleza que la misma diosa Afrodita, llena de envidia, envió a su hijo Eros para que le disparase una flecha especialmente preparada para hacer que se enamorase del hombre más horrible de la tierra. Sin embargo, el mismo Eros se enamoró de ella y tuvo piedad, por lo que se convirtió en su amante con una condición: sólo podrían encontrarse por las noches y tendría que ser a oscuras.

Durante un tiempo, este arreglo fue bien, pero, incitada por sus hermanas, Psyché decidió descubrir el rostro de su amante, y una noche, aprovechando que dormía, se le acercó con un candil encendido. Una gota de aceite cayó sobre el dios, que decidió abandonarla por romper el acuerdo. Después de múltiples tareas que tuvo que cumplir para demostrar su valía, finalmente Psyché volvió a reunirse con su amante.

mariposa colgante

“Psycho”, en griego, quiere decir soplo. Este soplo es el que permanece dentro de un hombre durante toda su vida, hasta que muere. En ese momento, escapa por la boca, según el poeta Homero, en forma de mariposa. De ahí que este animal haya quedado relacionado con el alma, y que el nombre de la princesa anatolia haya acabado por estar ligado a las disciplinas que la tratan, como la psicología o la psiquiatría.

La colección “Psyché” es un homenaje a este mito griego.

mariposa pendientes

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Hic svnt dracones

“A partir de aquí, monstruos”. Con esta expresión latina denominaban los antiguos toda aquella porción terrestre o marina desconocida y no cartografiada, que quedaba lejos del mundo cotidiano, palpable y regido por un orden. Para sus mentes, todo terreno ignoto debía de ser un lugar inhóspito, caótico, monstruoso.

Para el colectivo occidental, la figura del dragón y la serpiente, que están emparentadas, tienen un simbolismo ambiguo. Los sumerios explicaron a través del mito de Gilgamesh que la serpiente  aprovechó el despiste del héroe para devorar la planta de la inmortalidad que había obtenido del fondo del mar, lo que frustró sus planes y concedió al reptil el poder de regenerarse mudando de piel. Para el pueblo judío, era sin lugar a dudas el símbolo del engaño, al conseguir que Adán y Eva comieran del fruto prohibido y fuesen expulsados del Edén.

Una serpiente custodiaba el árbol del Jardín de las Hespérides de la mitología griega, que producía doradas manzanas que otorgaban la vida eterna, lo que parece una idea muy común en culturas diferentes. Otra, Nidhogg, roía las raíces del fresno Yggdrassil en la nórdica. El caduceo de Esculapio y el moderno símbolo de la medicina contienen ofidios.

Las serpientes y los dragones, por tanto, siempre han estado ligados a todo lo que es oscuro, subterráneo, oculto. Son los guardianes del conocimiento, contra los que tiene que luchar el héroe de distintos mitos para hacerse con éste, y el símbolo de la inmortalidad, el cambio y todo lo que es cíclico. Pueden envenenar o reducir algo a cenizas, pero también son capaces de proporcionar la cura y ofrecer sabiduría.

Teniendo en cuenta que “sólo se tiene miedo de lo que no se comprende”, como decía el escritor ruso Turguenev, no es de extrañar que los primeros geógrafos ocuparan el vacío de sus mapas con criaturas legendarias a las que tomaban por superiores al hombre, habitantes de mundos sumidos en las tinieblas y la impiedad.

Dado que soy una gran admiradora de la figura del dragón, he realizado este broche y colgante para hacer su figura, aunque majestuosa como siempre, más cercana. No todos los monstruos son malvados. Y más de uno custodia un tesoro como estos abalorios.

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1.000 (gracias)

Encuentro que la gente tiene subestimada a la imaginación. En la vida cotidiana, suelen primar los cálculos, los razonamientos, los resultados; todo aquello que pueda ser etiquetable o medible. He conocido a mentes tan cartesianas que subestimaban a cualquiera que estudiase letras o escribiese. Cuando somos niños todos somos artistas: nos dedicamos a jugar, dramatizar, pintar, escribir o hacer manualidades con los mayores. Sin embargo, hay una etapa en la vida en la que estas aficiones desaparecen, en la mayoría de los casos.

No sé si podría decir que existen los hombres grises de Momo (Michael Ende), cuyas vampirizadas víctimas sacrificaban el placer y la imaginación por tiempo y dinero. Es posible que todos tengamos un hombre gris en nuestro interior, un hongo que ve religiosamente la televisión y comulga con cuanto le dice, y que se encuentra tan abotargado que es incapaz de tener un imaginario propio.

Hacer abalorios reciclados y sus correspondientes fotografías, así como mantener este blog, es un ejercicio para el músculo de la mente, para que no caiga en el tedio cotidiano. Después de haber alcanzado la barrera psicológica de las mil visitas (¡mil!, que se dice pronto), empiezo a pensar que los contenidos de este blog no han caído en saco roto, y que hay gente capaz de apreciar no sólo este humilde trabajo de imaginación, sino también el valor de la reutilización de todos aquellos materiales que ya no sirven. Porque en realidad siguen teniendo otra utilidad, sólo que de nosotros depende descubrir cuál es.

Aún más en Flickr.

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