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Netsuke

Han llegado a mis manos los objetos más peculiares, exóticos y valiosos que he podido conocer desde que me he interesado por la artesanía. Como suele pasar en todas las ocasiones especiales y en los amores a primera vista, han sido ellos los que han decidido aparecer y cruzarse en mi camino, para desvelarme una parte de la historia japonesa relacionada con la ropa y sus complementos que yo desconocía.

Las modas y formas de vestir determinan gran parte de la cultura de una sociedad. Pero, ¿quién iba a decir que dos figurillas de monjes iban a tener tanto que decir al respecto? Lo que encontré fueron dos netsukes, que habían pasado desapercibidos a las miradas indiferentes hasta ese momento, confundidos quizá con dioses de la suerte chinos o pequeños budas.

El netsuke es una figurita, tallada en hueso o marfil, con una función más allá de la estética. En el antiguo Japón, los trajes carecían de bolsillos, lo que hacía obligatorio llevar objetos de uso cotidiano, como las monedas, el tabaco o los sellos, en una caja dividida en compartimentos, llamada inro. Esta caja pendía de una cuerda, que iba por detrás del obi o cinturón. Para evitar que el inro cayese al suelo, el netsuke actuaba como un tope.

Netsuke e inro
Modificado de: Photograph by Rama, Wikimedia Commons, Cc-by-sa-2.0-fr

Por supuesto, pueden encontrarse netsukes antiguos y modernos, con tallas de monjes, animales, criaturas mitológicas y escenas eróticas.

Para saber si un netsuke es de hueso o de marfil, es necesario examinarlo según varios criterios. El primero de ellos es el peso del objeto; el hueso es más ligero, mientras que el marfil presenta una mayor solidez. En cuanto a la textura, se dice que el marfil tiene el tacto suave de la mantequilla. Por último, hay que tener en cuenta que el marfil es lustroso y posee un color amarillento, así como las llamadas “líneas de Schreger”, unas líneas circulares o en forma de V. El hueso, por su parte, presenta unas manchas que revelan la médula ósea.

Así que cuando tuve los netsukes catalogados, me quedó averiguar por mis propios medios de qué material estaban hechos. Y sí, están tallados en marfil.

El primero de ellos representa a un monje de aspecto sereno en actitud de meditar:

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Por detrás tiene labrados los pliegues de su manto:

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En la parte inferior se pueden ver los agujeros por los que tendría que pasar la cuerda de la que cuelga el inro. Es sorprendente el detalle de la mano, en la parte derecha, perfectamente tallada:

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La segunda figura muestra a un monje de largas barbas y aspecto más risueño, que sujeta un rollo de pergamino:

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Los agujeros de la cuerda aparecen, en este caso, en la espalda:

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Y el artesano tampoco ha escatimado en detalles:

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A día de hoy, la pasión por los netsukes es tal que incluso existe una Sociedad Internacional de Netsukes, dedicada a estas piezas, entre cuyas actividades están las convenciones: http://www.netsuke.org/2015-Netsuke-Society-Convention.

En definitiva, cualquier objeto, por pequeño que sea, puede tener una historia interesante detrás. Pero como pasa con estas cosas, uno siempre se queda con ganas de más. Quién sabe, quizás algún día encuentre un inro y complete la colección.

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Fragmentos del mundo flotante

“En el estanque
ruido de una rana
que se sumerge”.

Basho

Me han regalado un libro de estampas ukiyo-e de Hiroshige. Nada como una tarde de japonismo para hablar de esta técnica de xilografía que apareció en el siglo XVII con motivos de paisajes naturales, leyendas, cortesanas y actores o sexo explícito (shunga).

El nombre deriva de la palabra ukiyo, que significa “mundo flotante”. Según el budismo, ese es nuestro mundo, un lugar evanescente, engañoso, impermanente y efímero, dominado por la ilusión de las apariencias y el maya, un velo que nos separa de la realidad; sería el equivalente al “Valle de Lágrimas” de nuestra cultura judeocristiana. Hay que tener en cuenta también que Japón es un país formado por multitud de islas, o mundos flotantes.  Por tanto, las escenas que se representaban en los ukiyo-e hacían referencia al hedonismo y la belleza aparente, pero también a la vida cotidiana de la cultura de Edo, un periodo de aislamiento respecto al resto del mundo. Es decir, el ukiyo-e es un arte que tiene como base el carpe diem y el consuelo en los placeres ante la incertidumbre del presente y el futuro.

Los grabados eran producidos en masa mediante planchas de madera, con fines comerciales, lo que contribuyó a su popularización. El ukiyo-e entró en decadencia en su país durante el periodo Meiji (siglo XIX), cuando Japón inició un proceso de occidentalización forzosa. Sin embargo, fue entonces cuando comenzó la fiebre europea por estos grabados, que tendrían un impacto muy profundo en las vanguardias artísticas posteriores. Van Gogh llegó a decir que “con ojos japoneses se ve más; se siente el color de un modo distinto”. Su influencia es notable incluso en el manga.

Los dos pintores más conocidos de ukiyo-e son Hiroshige y Hokusai, de los cuales nos han llegado grabados tan famosos como Nieve en Kisoji y La gran ola de Kanagawa respectivamente.

Espero que disfrutéis con esta nueva colección japonista.

Más en Flickr.

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